jueves, 21 de abril de 2016

El devenir

Hace uno días, ante la oscuridad del amanecer le confesé a mi reflejo que ya no era posible reconocerme, el yo del espejo no era yo.
Me atemorice tanto que reconocí la raíz de la pesadilla que ahora era mi realidad: había sido despojada de la seguridad de mi morada perpetua...había muerto ante mis propios ojos.
Enfrenté el desasosiego de mi búsqueda inconclusa. Todo esfuerzo, en adelante, sería infructuoso; jamás volvería a ver mi espiritualidad construida, la voluntad inquebrantable que me había mantenido con vida, la dulzura de mi corazón inocente, la astucia que me había sacado innumerables veces del laberinto de mis infiernos. Ya no poseía nada, ya no era alguien, ni algo. Me extinguí.
En ese instante, y como algunos dicen, mi vida pasó frente a mis ojos, cada recuerdo se vistió con las mejores ropas y desfiló al rededor mío. Entonces una extraña sensación me sobrecogió, en cada recuerdo nunca estuve realmente, no con la forma en la que siempre he crecido que he estado, siempre y en todo momento he sido otra.
Quizá nunca he existido y solo es una fantasía pensar lo contrario.
Que siempre reducida a un instante que al nacer ya está muriendo, y en consecuencia su propio alumbramiento es su muerte, así que nunca hubo un ser, solo un "siendo" imperceptible. 
Pero de alguna manera al no ser nada, se reafirma la posibilidad  de tenerme.

martes, 5 de abril de 2016

Con las alas rotas...

A veces, cuando despierto, el mundo parece estar esperándome con redes y vitrinas. En cada par de ojos veo los alfileres y los instrumentos de disección.
La vulnerabilidad de mi libertad y su belleza se exponen y mi creatividad queda castrada.
Recrear la realidad se vuelve imposible.
Veo a otras y otros caminar seguros, confiados en que la fuerzas que los rodean los llevaran a su destino, ciertos de sí mismos ante una posible adversidad. 
Entonces me pregunto:¿ por qué soy tan frágil?... No existe respuesta que me conforte.
El corazón me duele, es el último recurso, el motor que mueve este cuerpo agotado por el devenir.
Las alas se me han roto, pero no puedo dejar de moverme o moriré y aún no estoy lista para extinguirme.

lunes, 4 de abril de 2016

El río...

Hace un par de noches mi maestro me dijo, al oído de un sueño, el remedio a mi atribulación:
"Cuando nadas en un río no debes preocuparte del agua que vendrá o del agua que ha pasado por tu cuerpo y ahora se ha ido, disfruta de la caricia de su paso por ti."
El instante muere en el preciso momento de su nacimiento, morar en es el arte de la existencia que obsequia la ansiada y eterna felicidad.

La intranquilidad de la percepción...

Nada sé sobre el escribir. Algunos dicen que hay que escribir sobre lo que se vive, otras veces podemos escribir sobre lo que se sabe, se cree o se imagina, pero me llega la cuestión ¿puedo escapar a mi propia circunstancia cuando escribo?: el día parecerá soleado y luminoso aún cuando el plomizo horizonte me anuncie la tormenta, en otros la luminosidad misma puede que sea motivo de agobio y sobrecogimiento de una mañana que trae consigo el enfrentamiento a una realidad terrible.
Y es que aún carezco de la sabiduría para tener una paz que se invoque desde lo más profundo de mí, no poseo una percepción que escape de los vaivenes de un corazón, que cuál vela de embarcación, se estira y afloja con un soplo.
Hay días malos y buenos, pero no es porque los días sean así, tampoco es la circunstancia misma. Todo está en el reflejo mismo de mi corazón que no cesa de atormentarse por su búsqueda de un destino y de se sentimiento de pertenencia.
Me siento extranjera de todo sitio y pérdida en mi propio camino. A veces pienso que soy la única que tiene esta sensación, otras que este sentimiento es lo que me hace hermana de cualquier otra criatura.
Pero si algo sé cómo cierto es que cuando más cerca me siento de los otros y del mundo más feliz soy.