lunes, 4 de abril de 2016

La intranquilidad de la percepción...

Nada sé sobre el escribir. Algunos dicen que hay que escribir sobre lo que se vive, otras veces podemos escribir sobre lo que se sabe, se cree o se imagina, pero me llega la cuestión ¿puedo escapar a mi propia circunstancia cuando escribo?: el día parecerá soleado y luminoso aún cuando el plomizo horizonte me anuncie la tormenta, en otros la luminosidad misma puede que sea motivo de agobio y sobrecogimiento de una mañana que trae consigo el enfrentamiento a una realidad terrible.
Y es que aún carezco de la sabiduría para tener una paz que se invoque desde lo más profundo de mí, no poseo una percepción que escape de los vaivenes de un corazón, que cuál vela de embarcación, se estira y afloja con un soplo.
Hay días malos y buenos, pero no es porque los días sean así, tampoco es la circunstancia misma. Todo está en el reflejo mismo de mi corazón que no cesa de atormentarse por su búsqueda de un destino y de se sentimiento de pertenencia.
Me siento extranjera de todo sitio y pérdida en mi propio camino. A veces pienso que soy la única que tiene esta sensación, otras que este sentimiento es lo que me hace hermana de cualquier otra criatura.
Pero si algo sé cómo cierto es que cuando más cerca me siento de los otros y del mundo más feliz soy.

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