¿Es que debo pelear, permanecer, esperar? No sé que se debe hacer; de pronto todo fue tan rápido, de golpe una cosa tras otra, ocupar la energía posible para mantenerme a flote y encontrar momentos para respirar, pero sin pensar, sólo esforzándome por no perder la vertical.
Los animales no sabemos renunciar, nos damos cuenta de la muerte hasta el momento que morimos, dejamos de comer, andar o respirar, en el momento que sabemos que el final se acerca, antes de eso: jamás.
El animal muere cuando muere, ni un segundo antes. Así mi vida como animal sobreviviente, pues a pesar de no vivir abrigando la esperanza, no se puede dejar la existencia al abandono.
Pero también, esta quimera que dibuja mi existencia, me impide ahora sólo sobrevivir.
¿Alguna vez sabré que es vivir feliz?: A veces pareciera que jamás me libraré de mis perros negros, que las palpitaciones y el terror serán mis despertadores, que el gris penetrará en cada color que irrumpa en mi ventana.
Dejé de pelearme con la melancolía, el menor de la manada, pero cuando los otros de mayor tamaño irrumpen en mi vida me asfixian. Al menos, puedo reconocer entre tanta anegación:
No moriré, hasta el segundo que muera...
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